Para qué invierto: la gestión del patrimonio familiar

El patrimonio es uno de los pilares que garantizan la seguridad y estabilidad del grupo familiar. En este contexto, el objetivo de la planificación financiera es adecuar las inversiones a las necesidades del grupo familiar y al entorno económico y financiero, para asegurar un nivel de vida sostenible a largo plazo.

Los objetivos de inversión pueden variar según los inversores de forma significativa: incrementar el patrimonio, asegurar el poder adquisitivo, obtener rentas periódicas, mantener el nivel de vida tras la jubilación… Realizar una planificación financiera personal es indispensable antes de empezar a invertir, y su finalidad es:
· Verificar el equilibrio de las finanzas familiares.
· Garantizar la calidad de vida de todos los miembros de la familia a largo plazo.
· Facilitar la transmisión del patrimonio a la siguiente generación.
· Poner en contexto las finanzas familiares con el entorno económico-financiero.
· Minimizar el pago de impuestos.

La planificación financiera debe considerar todos los bienes y derechos del grupo familiar susceptibles de generar ingresos, y todas las obligaciones que pueden representar gastos. El estudio comienza con el análisis de las necesidades y objetivos financieros específicos del grupo familiar, considerando el patrimonio financiero disponible para invertir las entradas y salidas de capital previstas, tanto recurrentes como extraordinarias, y los objetivos de ahorro o incremento patrimonial.

Con esta información se puede determinar un nivel mínimo de rentabilidad nominal a largo plazo que garantice el logro de los objetivos marcados. Esta rentabilidad nominal se obtiene deducidos los impuestos a pagar.

A continuación, se incorpora al estudio el efecto de la inflación, entendida como la pérdida en el valor del patrimonio por el paso del tiempo. Pero no mediremos en términos de IPC general, interesa conocer cuál es el índice personal de precios (IPP) o inflación personal, es decir, el incremento en el precio de los bienes y servicios concretos que consume el grupo familiar. Considerando esta inflación personal,
calculamos un nivel mínimo de rentabilidad real a largo plazo, que expresaremos en términos anuales.

Hay que asumir que habrá periodos en los que no se alcance este nivel mínimo, y otros en los que lo exceda con creces, lo importante es que el objetivo acabe cumpliéndose a largo plazo.

Pero la rentabilidad tiene un precio: el riesgo. Antes de empezar a invertir, el inversor debe definir su nivel de riesgo asumible, que condicionará la rentabilidad que puede esperar de sus inversiones. Del compromiso entre ambos. El nivel de riesgo asumible se podrá modificar si lo hacen las circunstancias personales del inversor, y el nivel de riesgo de la cartera puede adaptarse a la realidad de los mercados financieros: en los momentos más difíciles puede reducir el riesgo global de su cartera, aunque eso signifique obtener una rentabilidad real inferior a su objetivo, e incrementar ligeramente el riesgo en un entorno más favorable de mercado para mejorar la rentabilidad. El entorno de mercado, fiscal y legal determina el nivel de riesgo y rentabilidad a corto plazo.

Principios de la planificación financiera y la inversión a largo plazo:
· Definición de objetivos concretos, de largo plazo y realistas
· La rentabilidad no es el objetivo, es la consecuencia
· La mejor medida del riesgo es la rentabilidad
· No seguir las modas: profesionalidad y coherencia
· La iliquidez es otro factor de riesgo a controlar, y que debe ser remunerado
· Optimización de gastos: la beta es (casi) gratis, pagar sólo por el valor recibido
· Fiscalidad eficiente = rentabilidad sin riesgo
· Importancia de la educación financiera: se delega la gestión, no la responsabilidad