Mercados Abril 2026: ¿Los árboles de la IA no dejan ver el bosque de la inflación?

Durante el mes de abril, la economía global continuó mostrando un entorno marcado por una desaceleración moderada, inflación persistente y aumento de riesgos geopolíticos, especialmente derivados del conflicto en Oriente Medio y de su impacto sobre los mercados energéticos y las expectativas de política monetaria.

En EEUU, la inflación volvió a repuntar tras varios meses de moderación. Las estimaciones de inflación PCE —la referencia utilizada por la Reserva Federal— situaron la inflación subyacente en torno al 3,5%, mientras que el IPC general volvió a acercarse al 4% impulsado principalmente por el incremento del componente energético y del precio de los combustibles. La economía estadounidense mantuvo una resiliencia superior a la prevista. El PIB del primer trimestre de 2026 creció aproximadamente un 2% anualizado, apoyado por la inversión empresarial, el gasto tecnológico y un consumo privado todavía sólido, aunque comenzaron a observarse señales de desaceleración en indicadores adelantados de actividad manufacturera y confianza del consumidor. El ISM manufacturero permaneció cerca de niveles de contracción y las condiciones financieras continuaron endureciéndose. El mercado laboral siguió mostrando fortaleza relativa, con una tasa de desempleo cercana al 4,1%, aunque empezaron a apreciarse síntomas de enfriamiento progresivo en contratación y salarios reales. Este contexto llevó al mercado a revisar significativamente sus expectativas sobre la Reserva Federal, reduciendo de forma considerable las previsiones de recortes de tipos para el segundo semestre del año. La Fed mantuvo los tipos de interés en el rango del 3,50%-3,75%, reforzando el mensaje de prudencia ante una inflación todavía persistente.

Europa presentó un crecimiento más moderado y una mayor sensibilidad al contexto energético internacional. El crecimiento estimado del PIB de la eurozona para el primer trimestre se situó alrededor del 0,1%, reflejando debilidad industrial, menor dinamismo del consumo y presión sobre márgenes empresariales. Alemania evitó una contracción técnica con un crecimiento cercano al 0,3%, aunque el sector manufacturero continuó mostrando debilidad. La inflación de la eurozona volvió a repuntar hasta el entorno del 3%, frente al 2,6% registrado el mes anterior, impulsada principalmente por energía y servicios. El componente energético llegó a registrar tasas superiores al 10% interanual debido al encarecimiento del petróleo y del gas natural. El BCE mantuvo los tipos de interés en el 2%, evitando movimientos agresivos mientras evaluaba el impacto del shock energético sobre la economía europea. Sin embargo, varios miembros del BCE comenzaron a reconocer públicamente un aumento de los riesgos inflacionarios y una menor probabilidad de recortes de tipos a corto plazo.

La renta variable estadounidense mostró un comportamiento desigual, aunque los grandes índices continuaron respaldados por el fuerte impulso tecnológico. El S&P 500 acumuló una subida aproximada del 10,4% en el mes, mientras que el Nasdaq avanzó cerca del 15,3%, impulsado principalmente por compañías vinculadas a inteligencia artificial, semiconductores, centros de datos y automatización avanzada. Las grandes tecnológicas continuaron concentrando una parte significativa de los flujos de inversión institucional y del crecimiento de beneficios del mercado. Por el contrario, sectores más sensibles al ciclo económico y a los tipos de interés, como consumo discrecional, inmobiliario y pequeñas compañías, mostraron un comportamiento más débil debido al incremento de costes financieros y a la pérdida gradual de dinamismo del consumo. La renta variable europea tuvo una evolución relativamente estable gracias al buen comportamiento de sectores defensivos, utilities, energía y compañías vinculadas a defensa e infraestructuras estratégicas, que se tradujo en una subida del 5,60% en el mes.

En el mercado de renta fija estadounidense, los rendimientos de los bonos del Tesoro permanecieron elevados. El Treasury estadounidense a diez años se estabilizó en torno al 4,3%, mientras que el Treasury a dos años permaneció cerca del 3,9%, reflejando unas expectativas de política monetaria todavía restrictivas y una reducción significativa de las previsiones de recortes de tipos para la segunda mitad de año. La presión inflacionaria derivada del encarecimiento energético y la incertidumbre geopolítica incrementaron las primas de riesgo y favorecieron el posicionamiento en deuda corporativa investment grade y bonos de corta duración. El comportamiento de la renta fija europea fue muy similar al americano, con la única diferencia de que la deuda corporativa lo hizo relativamente mejor que la estadounidense, +0,94% frente al +0,45%.

Las materias primas se convirtieron nuevamente en uno de los principales focos de atención durante el mes. El petróleo Brent experimentó una fuerte subida debido al temor a interrupciones de suministro en el Estrecho de Ormuz, una infraestructura crítica por la que transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo. El Brent llegó a aproximarse a niveles cercanos a los 115 dólares por barril en los momentos de mayor tensión geopolítica.

El oro cayó un 1,5% en el mes, cerrando en los 4.620 dólares por onza. Aún así, seguimos pensando que va a seguir fuerte, impulsado por la demanda institucional, la cobertura frente al riesgo geopolítico y la búsqueda de protección ante posibles escenarios inflacionarios prolongados. El USD cayó en el mes contra el Euro un 1,53% por lo que se mantiene sin cambios en el año.

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